La etiología de la depresión es compleja, pues en ella interviene una gran variedad de factores de naturaleza genética, biológica y psicosocial. De acuerdo a Montes (2001)
“Dentro de los biológicos hay evidencias de alteraciones a nivel de neurotransmisores, citoquinas y hormonas, además de modificaciones en los sistemas nervioso, inmunológico y endocrino. La psiconeuroinmunología, ha demostrado alteraciones en el eje Hipotálamo-Hipófisis-Suprarrenal mediadas por citoquinas; alteraciones inmunológicas asociadas a neurotransmisores en la depresión mayor, dentro de las cuales: reducción del número de transportadores de serotonina en linfocitos de sangre periférica en pacientes deprimidos.”
Lo que en resumen, demuestra una relación directa entre la serotonina y el sistema inmunológico de este trastorno afectivo así como el debilitamiento o distorsión en el área cognitiva y en las interpretaciones que hace el sujeto hacia los acontecimientos, y la percepción negativa de sí mismo, de su entorno y de su futuro, puede llegar a ser crónica y recurrente, pudiendo afectar el desempeño laboral y académico e incluso la capacidad para afrontar la vida diaria. En su punto más grave, puede conducir al suicidio. Dependiendo de la gravedad, puede ser leve, moderada o grave. Si es leve, es posible tratarla sin medicamentos, de lo contrario, se pueden necesitar medicamentos y psicoterapia.
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